Un recorrido atemporal

Juan Luis Goenaga ha expuesto estos días en Madrid varias de sus obras. También trabaja en los preparativos para una amplia exposición que abrirá en otoño en San Sebastián.

Botes llenos de pincel, pigmentos, más ingredientes para crear pinturas de aceite, pinturas ocres en un recipiente, plateado también en el lateral, sartenes usados como paletas, más pincel, más color… El pintor Juan Luis Goenaga (San Sebastián, 1950) tiene el estudio lleno de las herramientas necesarias para su trabajo. Y también de obras de arte. Unos cuelgan de un muro y otros, extendidos en el suelo. Y se le han ido amontonando a su alrededor muchos otros. Desde un pequeño cuadro hasta una tela de varios metros de longitud. Son sólo algunas de las variadas obras que ha completado en su dilatada trayectoria. Se incluyen las denominadas Eskulanak (manualidades). Se trata de obras creadas al óleo sobre papel, 24 de ellas expuestas estos días en la Galería Luis Burgos de Madrid, cerrada ahora, pero que se puede visitar online. El artista también se encontraba en plena preparación para una amplia exposición que se prevé abrir en San Sebastián en otoño, los días previos a que el caso del coronavirus cambiara la rutina diaria. Y sigue en ello, incluso pintando todos los días.

El pintor tiene su estudio en un caserío del siglo XV. Encontró su rincón para la creación en Alkiza (Gipuzkoa), ya hace cinco décadas. Allí se instaló en 1969, donde ha creado la mayoría de sus obras. Suele pintar a diario; si no son cuadros, hace dibujos. Le gusta pintar fuera cuando el tiempo lo permite. “El exterior te da muchos datos, y la luz también es otra”. Trabaja en el interior del estudio con la ayuda de la luz que entra entre las grandes vigas de madera. Comienza a pintar en el exterior y termina las obras en el interior. Dice, sin embargo, que ese dónde pintar no influye en sus obras. Porque cada obra es un mundo, y el proceso de creación también, por eso. Siempre. “Cada día es diferente; nunca sabes por dónde va a ir. Tiene que ser una sorpresa para mí; si yo me aburro… Malo”.

En los trabajos de la colección Eskulanak, por ejemplo, este proceso comienza con la preparación de los ingredientes. Aprovecha un papel especial. “Es un papel grueso blanco y lo preparo para soportar la pintura al óleo”. Las pinturas las hace él mismo, mezclando pigmentos y aceites de linaza. Algunas piezas de la colección datan de los años 1990 y otras muchas de la misma serie datan de los años 2000. Las ha creado de vez en cuando; “es cíclico”, dice el artista. La galería madrileña quiso realizar la exposición sólo con los “Eskulan”.

En la exposición que se expondrá en otoño en la sala Kubo Kutxa de Donostia, la colección será más amplia. El investigador y comisario de arte Mikel Lertxundi Galiana, con la ayuda del pintor, está preparando la misma. El experto conoce bien la obra de Goenaga, pues en 2018 elaboró un extenso libro, Goenaga, que analiza su vida y obra, y el artista se ha puesto a su disposición para la selección de obras. “Él está localizando las obras, viendo las medidas… creo que tiene bastante claro lo que vamos a llevar. También ha mirado mil veces las cajas llenas de dibujos que tengo ahí”.

Lineal no, circular

Las obras que ha realizado en su dilatada trayectoria muestran las diferentes épocas de Goenaga, que Lertxundi explica cronológicamente en su libro. Desde su influencia inicial en Roma, Madrid, Barcelona y otros lugares hasta sus coloridos trabajos de los últimos años. Y entre ellos se explica cómo a partir de 1969 vivió una “década de inmersión”, en contacto con la naturaleza — que trajo hierbas, sombras, raíces, marrones y otras series —; cómo en los años ochenta se sumergió en el mundo urbano, sintonizando con el expresionismo alemán; cómo a mediados de esa misma década las escenas familiares prevalecerían en sus pinturas; cómo en los años 1990, con series como Arqueológias, volvió a echar la mirada miles de años atrás, identificándose con pintores rupestres de la época; y como en las posteriores décadas ha vuelto constantemente a sus temas iniciales creando series, entre otros plasmando figuras, desnudos o paisajes.

Es difícil resumir un camino tan largo. Al artista también le cuesta explicar verbalmente su actividad. “Para mí, en pintura no hay tiempo”. Por eso, a la pregunta de si la exposición de otoño será retrospectiva, duda. “Mi trayectoria no es lineal, camino hacia atrás y hacia delante. No es una evolución; es circular, en mi opinión. Tengo cuatro o cinco temas, siempre estoy con las mismas cosas; son cuatro cosas, y con ellas, un mundo”.

Entre las cosas que no se pueden explicar con palabras está su amor por la pintura. “La pintura es una pasión, una forma de vivir… No sé, es muy difícil explicarlo con palabras, todas las palabras quedan… “. Tiene clara una cosa, y a lo mejor por eso le parece tan difícil explicarla con palabras. “La pintura es algo físico, no es algo intelectual. Entiendas o no, tienes que sentirlo”. Empezó a pintar de muy pequeño. Con óleo. Toma en sus manos el pequeño cuadro Oriamendi (1958); que cursa a los 8 años. “Hacía un montón así”. No sabe cómo, pero recuerda que decidió de muy pequeño que quería ser pintor. “Lo tenía muy claro”.

Fue autodidacta y en su particular plan de estudios tuvieron un lugar fundamental los museos y galerías. “En los museos vi mucha pintura, pero por mi cuenta”. Ha citado el Louvre, el Prado y, más cerca, San Telmo de San Sebastián y el Museo de Bellas Artes de Bilbao, pero visitó muchos otros. Entre los viajes para ver la pintura, recuerda especialmente París -“Era el centro en aquella época”- Y Venecia. En ellos vio ante sí obras de Tiziano, Tintoretto, Velázquez, Rembrandt, Van Gogh y muchas otras que conocía de los libros. Aprendió y disfrutó mirando esos cuadros. “He disfrutado mucho viendo la pintura y he llegado a una conclusión: que toda buena pintura es moderna. Coges el Greco, qué colores utilizaba, y es moderno; Rembrandt, Velázquez, Tintoretto, manieristas… la buena pintura siempre es moderna; yo no me veo aburriéndome”.

Con ayuda de todo lo visto, fue desarrollando su propio lenguaje. No es dado a poner etiquetas a su obra, pero los expertos le han relacionado con el expresionismo alemán. “Bueno, sí. El caso es que a los italianos también me han gustado siempre, pero a los alemanes también les han gustado siempre los italianos… Pero sí, puede pertenecer al expresionismo alemán y al espíritu nórdico “. Dice que es sólo una palabra, de todas formas, como el impresionismo. “Luego tienes impresionistas de todo tipo. Van Gogh puede ser impresionista a veces, otras veces es expresionista; Manet, Renoir… “. Para él hay “pintura buena o mala”; a eso resume la cosa.

También ha tenido relación con artistas vascos de su generación, y ha muchos han sido amigos, pero nunca ha pertenecido a ningún grupo o movimiento; ha trabajado por su cuenta. “Yo hice mi propio camino. Y creo que el camino de todos los pintores también es así, muy solitario”. Dice que los intereses de cada artista también son diferentes. Y entre los suyos ha sido, y sigue siendo, la naturaleza una de las principales. Desde siempre. “Lo necesito; muchas claves están ahí para mí”. Ha representado numerosos paisajes, muchos de ellos cercanos, como el de Zelatun. Pero para él los paisajes son siempre “una excusa”, como cualquier otra cuestión, para expresar el mundo interior. “Al final, es de dentro; eso es de Zelatun, pero Zelatun al final es una excusa. Si lo conoces, lo identificarás, pero nunca lo has visto así en Zelatu, ¿verdad? Entonces, sí, puede ser expresionista; cómo no hay otra palabra, pues bueno, vamos a decir expresionista. Sí, no es una pintura figurativa normal”.

Otro de los temas que le ha atraído enormemente desde sus inicios es la prehistoria. Arqueología, antropología, arte rupestre, restos… Esa fue una de las primeras vías de investigación, y a menudo vuelve a ello. Las estanterías del caserío también están llena de libros sobre arte y arqueología. No sabe por qué siempre ha tenido interés en ese ámbito, pero se le hacen “especiales” muchos lugares de la zona, en concreto “los relacionados con la arqueología, los que tienen huellas… Los que tienen una historia. Aquí hay muchos así, y tenemos también cuevas como Ekain, Altxerri… ¡y las que habrá sin encontrar! “.

Ordenar el caos

Tiene todos estos temas en la cabeza al ponerse delante del lienzo blanco. Pero al abordar un cuadro no cree que el proceso que se pone en marcha sea intelectual. “No es mental, la propia pintura te lleva… No se puede explicar, para mí es un misterio. Es abstracción”. De hecho, cree que si se empieza a pintar con una idea determinada, normalmente ese trabajo no va a salir bien. “Prefiero empezar por el caos. Si pones límites desde el principio… No, se va ordenando el caos, el sólo”. A menudo no trabaja en una sola obra, sino en varias a la vez; precisamente, si se atasca en una, emprende otra, y quizá en eso encuentre el modo de dar salida a la anterior. Tampoco le resulta fácil dar por finalizado un trabajo, para llegar a él a veces pueden pasar semanas.

En su actividad ha tenido el óleo como herramienta favorita, aunque también ha utilizado acuarela, tinta, grabado, etc. Encontró su lenguaje en la abstracción, y dentro de ella la figura siempre ha tenido su sitio. Y aunque los trabajos iniciales eran más monocromos, el color siempre ha estado presente en su obra, con más intensidad en los últimos años. Los temas, en cambio, no los busca. “Son excusas, no tienes que ir a ninguna parte a buscarlas; siempre las tienes delante. De las abstracciones muchas veces aparece el paisaje y la figura… La figura siempre está ahí y el desnudo también muchas veces”.

De vez en cuando, por ejemplo, cuando se atasca en un trabajo, confiesa que sufre. Pero disfruta con la pintura; con los años, cada vez más. Y lo mismo viendo. Sigue pintando sin aburrirse. Más libre que nunca, además. “Eso lo he visto en muchos pintores; de joven estás más enganchado y después de muchos años pintando, te tomas esa libertad”. Sigue adelante en su camino. No sabe, sin embargo, en busca de qué: “La pintura dirá. Suele venir”.

Vía BERRIA